CENTRO DE INVESTIGACION Y DE PREVENCION DE ADICCIONES CIPCAD

Rehabilitación y Educación

Rehabilitación de Drogas y Prevención CIPCAD Ofrece información sobre drogas, educación sobre los efectos de las drogas y programas eficaces de rehabilitación de drogas para los que ya estan en las garras de la adicción. Los efectos de las drogas y el alcohol en nuestra sociedad son desastrosos. Millones de vidas han sido arruinadas, y las vidas de muechos terminaron antes de tiempo. Se han perdido carreras y empleos, las personas han resultado heridas o debilitadas, se han desperdiciado ahorros, cientos de familias se han desmembrado o roto, y algunos han perdido todo lo que tenian, incluyendo a sus hijos o hijas.

Nuestras cárceles hacinadas están llenas de delincuentes cuyos delitos están relacionados con la droga. Muchos de ellos estaban consumiendo drogas cuando cometieron los crímene - y muchas veces se cometió el crimen para continuar con su propio consumo. 

La educación como capital de las sociedades meritocráticas y la escuela como uno de los medios para alcanzarse han convertido en uno de los pilares fundamentales de las sociedades desarrolladas. Esta importancia se sustenta en el papel de agente socializador y en la funciones que cumple para la sociedad, y que resuman imprescindibles para lograr el progreso social e individual en un mundo que crece en la complejidad. La escuela, aunque hablemos de los niveles inferiores, transmite conocimientos, valores y actitudes imprescindibles para la vida en común, abarcando, de forma crasa, los ámbitos político, económico y social. 

Observando detenidamente estos tres grandes ámbitos comprobamos que la relevancia de la educación y la escuela es insoslayable. 

En la esfera política adquiere significación como instrumento de transmisión, legitimación y búsqueda de consenso en torno al sistema político, el estado, la ideología y los aprendizajes políticos. Desde muy temprano conocemos en que Estado vivimos, ensayamos constantemente su sistema político, comenzamos a conocer nuestros derechos y deberes, nos cohesionamos alrededor de sus símbolos y nos identificamos con hechos y actos de exaltación colectiva, etc.

La función económica resulta la más obvia entre las funciones que se atribuyen a la educación y la escuela. Actualmente su importancia es capital, capacita a los individuos de cara a integrarlos en un sistema laboral y en unos puestos de trabajo cada vez más complejos y volátiles. Se requieren unos conocimientos generales mínimos, tenemos que entender las instrucciones, leer y comprender, conocer cuál es  nuestro sistema de medida y cálculo, aparte de otros específicos de cada profesión o puesto que pueden adquirirse a través de una formación especializada, ya sea reglada o no reglada.

Por último, la función social también posee un valor ineludible. En el  sistema educativo comenzamos a relacionarnos con otros individuos en un espacio formal, comenzamos a diferenciar distintos roles y posiciones sociales, se establecen relaciones sociales fuera de la familia, aprendemos o reforzamos comportamientos fuera del ámbito familiar, reconocemos otras fuentes de autoridad, integramos normas de comportamiento entre iguales y asimilamos sutilmente lo que se llama currículum oculto (Illich, 1974), etc. 

Estos contenidos, valores y actitudes se incorporan al bagaje del individuo, algunas veces de forma manifiesta otras subrepticiamente, a lo largo de los años de escolarización a través del currículum (asignaturas de historia, lengua, matemáticas, etc.) y la vida escolar (celebraciones colectivas de identificación nacional o autonómicas, reconocimiento incuestionable del saber y la autoridad jerárquica del superior, en este caso el profesor, aceptación de la disciplina y el orden, fomento de la competencia y la individualización, etc.). Habría que matizar que no solamente a través de la escuela, existen otros agentes de socialización que transmiten estos contenidos, los medios de comunicación, la familia,…, pero es innegable el influjo que ejerce la escuela. 

Abogamos por un enfoque educativo de la prevención, entendiendo la educación como un proceso intencional que pretende mejorar a los sujetos. Cuanto más capacitadas estén las personas, más posibilidades de manejarse satisfactoriamente en las distintas situaciones que entraña vivir en una sociedad cada vez más compleja. Desde este planteamiento, educar para la vida, siendo un concepto a la vez tan genérico y concreto, al mismo tiempo es la propuesta fundamental de la intervención en prevención. Propuesta que se articula de forma singular según el espacio donde se desarrolle la acción. 

Así como no existe una única causa o factor que lleve al abuso de drogas, no existe tampoco un único enfoque o respuesta que pueda prevenir el abuso de drogas. Las estrategias de prevención tienen que relacionarse con las necesidades del individuo y el grupo y tiene que dirigirse a atender las necesidades, condiciones y factores particulares que son prevalentes. La respuesta tiene que ser sensible y apropiada al entorno, cultura y grupo diana y tener los objetivos claros con respecto a los resultados que se pretende obtener. 

La intervención en prevención desde el modelo educativo contempla todas las esferas educativas y todos los ámbitos posibles donde la acción de educar se concreta. Por lo tanto, trabajaremos desde los ámbitos escolar, familiar, asociativo, comunitario, etc.; ámbitos todos ellos de socialización para el individuo desde edades tempranas, lo que les confiere un papel privilegiado para la formación integral del sujeto. 

Por ejemplo, una estrategia preventiva que pretenda aumentar la sensibilidad sobre el tema de las drogas en la población general podrá utilizar campañas de sensibilización social a través de los medios de comunicación aunque su impacto sobre las conductas de uso y abuso de drogas no sea significativo. 

Si la población objetivo son niños que todavía no han usado sustancias psicoactivas, una estrategia adecuada puede estar relacionada con programas de salud y habilidades sociales para ayudar a desarrollar capacidades y destrezas que disminuirán la probabilidad de que surjan problemas de abuso de sustancias. Además, podemos desarrollar la autoestima, transmitir información, desarrollar normas subjetivas, alternativas de ocio, etc. 

Con población juvenil que ya está experimentando o usando drogas, las estrategias tendrán que incluir además un enfoque más pragmático e incidir en aumentar el conocimiento sobre sustancias y sus efectos y las consecuencias de su uso junto con el tema de las conductas de riesgo asociadas. 

Con aquella población que ya está abusando de sustancias, la estrategia tendrá que centrarse inicialmente en las conductas problemáticas y en reducir los daños o minimizar los riesgos para prevenir futuros abusos. 

Si la población diana son los intermediarios, como los padres, profesores, etc., la estrategia podrá enfocarse a facilitarles conocimientos relevantes sobre el tema y las habilidades necesarias y apropiadas para promover la comunicación entre sí y la población de niños y adolescentes que tienen a su alcance. También podemos desarrollar estrategias que orienten sobre la educación moral y el desarrollo afectivo de hijos y alumnos. 

A nivel individual podremos trabajar con los procesos de crítica y reflexión de los valores sociales, las actitudes personales y el desarrollo de las competencias de interacción social. 

En el grupo tendremos que favorecer el compromiso grupal entre padres y educadores, el asociacionismo y la creación y fortalecimiento de las redes comunitarias. 

El enfoque de prevención, por lo tanto, tiene que ajustarse para que satisfaga las necesidades de la población y los objetivos de cada intervención. Las estrategias no son únicas ni excluyentes entre sí. Necesariamente debemos combinarlas. El objetivo final es que con la intervención se reduzcan las posibilidades de abuso de drogas. 

RESUMEN 

El recorrido histórico del problema y el balance de lo realizado hasta ahora confirman la idea de que la cuestión de las drogodependencias dista mucho de estar resuelta y de que probablemente no lo esté nunca. Debemos eludir tanto los planteamientos simplistas como las posiciones maximalistas, ambos dudosamente eficaces. 

Tenemos claro que los problemas no se solucionarán ni a través del control pleno del narcotráfico, ni con la liberación de los consumos. 

Sea cual sea la aproximación intelectual de la que se parta, está claro que las vías de respuesta a las drogas no son nunca ni únicas ni unívocas. Entre otras razones porque, como hemos visto a lo largo de la historia, junto al consumo de las llamadas drogas ilegales, ha aparecido el fenómeno de la alteración de las pautas de consumo de las legales (sobre todo el alcohol) que, según todos los análisis, nada tienen que ver ni con la incidencia del narcotráfico ni con la tolerancia de su oferta pública, sino con contextos culturales muy determinados, con valores morales y sociales colectivos y comportamientos individuales que configuran la situación real de "salud pública" en cualquier país. 

Como se dice en este documento, los efectos de las drogas han aparecido siempre a lo largo de la historia de la Humanidad, con manifestaciones, efectos y percepciones muy diversas que evolucionan continuamente. Las drogas, en este sentido, son un problema permanente, lo que no quiere decir que sean un problema sin solución. Lo que cambia es el modo de afrontar el problema. De ahí la necesidad continúa de las tareas de prevención.